Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta Dr Blajman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dr Blajman. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Capítulo XXI: Tomar conciencia

Han transcurrido 13 días del mes de setiembre, al normalizarse mi vida, creo haber tomado conciencia que esta enfermedad va a acompañarme el resto de mi vida, en forma callada, solapada y hasta traidora intentará darme siempre una estocada, pero mi voluntad y energía no le permitirán hacerme daño, creo más que nunca que puedo vencerla, no debo permitirle que avance, para ello es vital que no disminuyan mis fuerzas, no debo ceder al estrés, por ejemplo, debo redimensionar los tiempos que dedico a cada una de mis actividades, mi trabajo no debe preocuparme ni ocupar más que las 8 horas diarias. No debo dejar que los sinsabores me afecten, aún cuando ocurran situaciones de presión, debo pensar fríamente que no deben afectar mi estado mental o físico, esto dicho tan sencillamente no es muy fácil de aplicar, tiene que ver con mis 32 años de dedicación a pleno, años de hacer todo tipo de tareas, accediendo a innumerables pedidos sin analizar que me correspondieran o no por mi funciones, es algo que me resulta imposible de evitar, nunca puedo decir que no a una solicitud de trabajo, disfruto poder ser de utilidad, así pues he realizado todo tipo de tareas, administración de bases de datos, que es mi obligación de acuerdo a mis funciones, diseño gráfico (éstas son las actividades que realizo con mayor agrado, las considero muy creativas y me representan un desafío permanentemente), dictado de cursos, soporte a usuarios en Bases de Datos e inclusive en herramientas de oficina (increíble pero muchos expertos informáticos no saben usar software relacionado a la ofimática), lo cierto es que jamás he dicho que no a alguna tarea requerida implicando muchas veces tener que permanecer más allá de mi horario de la jornada habitual, así como someterme a presiones por tiempo y por dificultades propias de algunas tareas. De alguna forma debo tratar de no involucrarme en obligaciones que no me correspondan, o al menos asegurarme que me den mayores plazos para poder cumplirlas, todas las solicitudes son para ayer.
Además de mi trabajo se me ha complicado un tanto mi vida, por la salud de mi madre, sus 92 años le están pasando factura a su cuerpo, pero también aumentó el tiempo que necesito dedicarle, siento que regresó el período similar al de mi juventud, con dos niños a cargo, dónde las horas de sueños se veían siempre suspendidas, en este momento debo asistir a mi madre ya que ha dejado de ser independiente en casi todas las situaciones, obligándome a cuidarla en todo momento, sus movimientos se ven sumamente dificultados, corriendo peligro de caídas que implicarían daños irreversibles.
El esfuerzo que debo hacer me provoca cansancio físico, pero fundamentalmente el miedo a enfrentar su muerte me altera sobremanera, no creo que pueda estar preparada a pesar que permanentemente me digo que debo sentir cierta resignación ante lo inevitable, de cualquier manera, pienso que afrontarlo no debe ser fácil para nadie.
El escribir esto me hace dar cuenta de cuantos temas no tenemos realmente resueltos en nuestra vida.
Casualmente hoy a la salida de mi trabajo tengo turno con el oncólogo que me trata, Dr. Blajman, parece increíble que hayan pasado dos meses desde mi última consulta, cada control me trae las dudas y temores del fantasma de la recidiva o recurrencia, o como quieran llamarla los expertos, lo cierto es que los día previos empiezo a inquietarme muchísimo, no veo la hora de superar este control, tampoco me gusta esto de tener que superar cada dos o tres meses esta prueba, sufro muchísimo hasta el momento en que hablo con él, pero su optimismo me contagia, hoy espero que conteste mis dudas, está en deuda conmigo, creo que es una estrategia la suya de no darme datos concretos de estadísticas, insistiré, me lo debe.
En definitiva, luego de “colocar” a mi madre en casa de mi hermano, para ello debí recorrer la ciudad de norte a sur, llegué al Instituto del Dr. Blajman, retiré mis análisis, los valores eran perfectos, salvo un poco elevada la fosfatasa alcalina, producto de haber tomado fluconazol, una droga prescripta para una lesión en la piel de mi hombro, que me provocaba prurito. Al aguardar en la sala me enteré que mi buen doctor se había retirado recientemente, luego de atender a pacientes que lo visitan por primera vez, lo que implicaba que volvería en una hora aproximadamente.
Mientras aguardaba pude avanzar con la lectura de Andamios de Mario Benedetti, narra los encuentros y desencuentros de Javier Montes, que tras doce años de exilio, regresa a Montevideo con sus nostalgias, prejuicios y soledades. Ese personaje va construyendo esos andamios que le permiten crear un mundo nuevo en el que caben todas sus esperanza, tiene interesante diálogos, si bien no me atrapó completamente, me pareció un relato muy sentido e imaginé que tiene mucho de autobiográfico, por lo sincero y realista que es cada relato. En esta etapa de mi vida no me siento con deseos de revivir situaciones dramáticas de los seres humanos y su entorno, pero reconozco que se deja leer.
En la sala de espera conversé con dos mujeres que casualmente hicieron recidivas de sus tumores de mama. Como siempre algunos impacientes pierden los estribos por la larga espera y otras defienden al Dr. diciendo que si no quieren soportar la espera pueden elegir otro profesional. Una de estas personas había sido atendida por una de las doctoras del Instituto, concurrió preocupada porque sentía un nódulo, la doctora le dijo que era la costilla, ella no quedó conforme y visitó al gran César, quien le descubrió un nódulo muy grande, recidiva de su enfermedad. Si había llegado preocupada por este tema imaginen como me sentía luego de los testimonios escuchados.
Cuando me atendió, muy amablemente me volvió a decir que estaba fantástica, me preguntó si continuaba bajando de peso, miró mis análisis, tomando nota de todo, me hizo la revisación de rigor, como le costó entrar en el espacio entre la camilla y la pared no pude sustraerme y le dije que a medida que yo perdía kilos, un oncólogo que conocía, los ganaba. Me dijo que no era cierto, que estaba haciendo un régimen, que había bajado de peso. Me pidió que me hiciera una mamografía y se la llevara cuanto antes, ofendido aún, me recordó que yo le había regalado un libro y ahora lo agredía. Me hizo sentir culpa, le pedí perdón diciéndole que lo mío era producto de cierto egoísmo, que quería que viviera 100 años y para ello debía adelgazar, creo que este comentario no mejoró la situación. Hasta hoy no me perdono haberlo ofendido.
Le pregunté si el resultado de la mamografía se lo podía llevar en dos o tres meses, pero me explicó que debía verlo en octubre para no extrañarlo tanto... Esto me preocupó un poco, insistí que quería saber datos, me señaló que era imposible hacer pronósticos. Que no me podía decir si tendría metástasis en hueso, pulmón o hígado, que lo dejara en sus manos. Por supuesto en esta ocasión no fue nada tranquilizante, mi estado de ansiedad permanecería hasta tener los resultados. Ante mi insistencia me dijo que transcurrido tres años tendríamos cierta certeza de no recidiva.
Tres años, parece tantísimo tiempo …
Me despedí de mi estimado doctor pensando en que pronto lo vería de nuevo, deseando que fuera con menos grado de ansiedad, preocupación y que para entonces él olvide mi inapropiado comentario sobre su peso.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Capítulo XIX: Casos increíbles

En la sala de espera, si bien llevo un libro para pasar las horas y tratar de no involucrarme con los pacientes que en la mayoría de los casos presentan enfermedades muy graves, quizás sea egoísmo, pero me afectan profundamente sobre todo si se trata de personas jóvenes que aún no han vivido lo suficiente como para tener que estar afrontando tantas dificultades, es inevitable escuchar algunos casos que podemos considerar asombrosos.
A veces se da la charla, como me ocurrió con una mujer de unos 69 años, que me decía que el Dr. Blajman tenía a veces un pésimo humor, que en una oportunidad le levantó la voz, haciéndola llorar, se ofendió y decidió ir a otro oncólogo, al tiempo se dio cuenta que no había sido buena idea y regreso a él, me dijo .. cual perro arrepentido. En principio a ella se le inflamó un ganglio debajo del brazo, fue a un médico que le medicó antiinflamatorios, durante muuucho tiempo, descartando otras enfermedades. El ganglio tenía gran dimensión, pero ella estaba muy tranquila y confiada. Una amiga la invita a ir del padre Ignacio, quien al verla le da una medallita tocando su axila, le dice que tiene cáncer, muy sorprendida y llorando retorna a Santa Fe decidida a ver otro profesional. Luego la Dra. Felagio la opera y le dice que es cáncer del sistema linfático, sufre una angustia horrible, a los pocos días el anatomo-patólogo le avisa que para él no es linfático sino cáncer de mama, cosa que por otra parte era visible en la mamografía pero que la Dra. no había considerado. Según ella esta doctora dice que opera pero el que interviene es otro profesional, el Dr. Gastaldo, que a ella su familia la vio muy producida, llena de joyas y al otro médico lo vieron totalmente transpirado en el momento posterior a la cirugía. Luego de esto decide ir a ver al Dr. Blajman, quien al ver los estudios le asegura que se trataba de cáncer de mama, que su experiencia era concluyente, le hace QT y luego de 7 años la Sra. está en perfecto estado. Aún luego de este testimonio, me cuesta creer en el padre Ignacio, pienso que tiene un gran poder de observación, mucha experiencia y habrá signos que observa en las personas, que le permiten deducir las enfermedades, de cualquier forma creo que si las personas creen en él, esa fe les ayudará a tener mejor ánimo para afrontar sus crueles padecimientos. Me preocuparía que por sus creencias las personas dejaran de tratarse con la medicina tradicional. Fomentar eso es sencillamente criminal.
Otro caso sorprendente: Mientras aguardaba en la sala de Radioterapia conversé con una mujer, me contó con alegría que ya había pasado la QT, me relató que el óncologo que la atendía en Rafaela le negaba rotundamente que los síntomas como prurito, ampollas, dolor de huesos, descompostura general fueran producto de las drogas, sostenía que no tenían nada que ver con su tratamiento, esta mujer se daba cuenta que le mentía, pero no salía de su asombro, yo no comprendo que estrategia usaba ese profesional para engañar de esa manera a una paciente y que fin perseguía, ante casos así pienso que debió existir alguna razón lógica para engañarla, pero imagino el desconcierto de esa mujer imaginando que extrañas enfermedades la estaban persiguiendo.
Y otro: Una paciente con la que compartimos las sesiones de radioterapia me contó que ella se hacía los controles de rutina cuando le detectaron en el 2009 un tumor de 1,2 cm en su mama, fue a Rosario para una segunda consulta y el especialista de allí, Dr. Alvarado Gardiol le pidió los estudios anteriores, del 2008 y le señaló que ya en esa mamografía tenía el tumor, ella no podía entender como los tres expertos que vieron los estudios no detectaron el cáncer y en cambio el Dr. de más de 80 años de Rosario fue capaz de observarlo, me decía que quedó perpleja y le recorrió un frío en todo el cuerpo cuando éste le señaló la imagen. Seguidamente fue al instituto de Blajman para hacer la QT, la atendió la Dra. Roxana quien le aconsejó una QT suave , pero ella le dijo que tenía tres hijos que criar y que no pensaba morir, que quería la QT más fuerte, según sus conocimientos, me decía, la más suave no evita recidivas, la Dra. consultó con el Dr. Blajman quien determinó que le hicieran la más fuerte. Me sorprendió su fortaleza y convicción cuando me decía que no pensaba morir por unos 15 años, al menos hasta que sus hijos ya fueran adultos, me pareció una madraza en todo el sentido de la palabra.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Capítulo XVII: Reunión de reencuentro con mis amigos

En oportunidad de hablar a mi trabajo con el Departamento que maneja las cuestiones de Recursos Humanos, conversando con la Jefa de Personal, Graciela, me sugiere que sería muy lindo que nos juntáramos algunas viejas amigas del entorno laboral, (no se debe interpretar mal, no dije amigas viejas) lo cierto es que me alegró su propuesta y accedí a participar de la reunión con mucho gusto.
A los pocos días me llama para confirmarme fecha y lugar, se llevaría a cabo el viernes 6 de agosto en un lugar llamado Costa Litoral, recibí varios llamados y mensajes de muchas amigas para confirmar que fuera, lo que me hizo sospechar que la reunión había adquirido cierta trascendencia y ganado importancia.
Ese día partí con mucho ánimo a buscar a Grace, para llegar al sitio previsto. Gratísima y emocionante fue mi sorpresa al ver tanta gente que aprecio sinceramente, participamos casi 30 personas, algunas recientemente jubiladas, otras ex compañeras que trabajan en diferentes lugares, todas vinculadas al mundo de la informática, mi primer y segundo jefe, fue una reunión muy amena y conmocionante para mí. Todos elogiaban mi condición, los kilos perdidos, el cabello corto, lo primero que me dijo Edgardo, mi jefe, fue que parecía María Marta Serra Lima por el corte de pelo, creo que me gustó más que lo dicho por mi hija, que me llamaba la Raulito. Pasamos muchas horas muy amenas y creo que todos estábamos emocionados por vernos, recordando momentos de únicos e inolvidables de con anécdotas e historias que compartimos: Me pareció muy halagador que la reunión me tuviera como excusa para unirnos en tan grato momento, incluso los que faltaron me mandaron sus cariños y explicaciones de su ausencia, Fernando el más joven del grupo paso con su bella esposa para estar un ratito juntos. Me hicieron un presente precioso, tres plantas muy bonitas, dos begonias y una estrella federal, me propuse cuidarlas y atenderlas para que mantengan mucho tiempo sus hermosas flores. Por suerte pude demostrar mi felicidad entregando un pequeño y humilde pero sentido presente a todos mis amigos, les obsequié una lapicera con una poesía:
Me sirve no me sirve (Mario Benedetti)
La esperanza tan dulce
tan pulida tan triste
la promesa tan leve
no me sirve
no me sirve tan mansa
la esperanza
la rabia tan sumisa
tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve
no me sirve tan sabia
tanta rabia
el grito tan exacto
si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve
no me sirve tan bueno
tanto trueno
el coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve
no me sirve tan fría
la osadía
si me sirve la vida
que es vida hasta morirse
el corazón alerta
si me sirve
me sirve cuando avanza
la confianza
me sirve tu mirada
que es generosa y firme
y tu silencio franco
si me sirve
me sirve la medida
de tu vida
me sirve tu futuro
que es un presente libre
y tu lucha de siempre
si me sirve
me sirve tu batalla
sin medalla
me sirve la modestia
de tu orgullo posible
y tu mano segura
si me sirve
me sirve tu sendero
amigo, compañero

Otras poesías que me gustan mucho del autor uruguayo:
Credo (Mario Benedetti)
De pronto uno se aleja de las imágenes queridas amiga
quedas frágil en el horizonte
te he dejado pensando en muchas cosas
pero ojalá pienses un poco en mi
vos sabés
en esta excursión a la muerte que es la vida
me siento bien acompañado
me siento casi con respuestas
cuando puedo imaginar que allá lejos
quizá creas en mi credo antes de dormirte
o te cruces conmigo en los pasillos del sueño
está demás decirte que a esta altura
no creo en predicadores ni en generales
ni en las nalgas de miss universo
ni en el arrepentimiento de los verdugos
ni en el catecismo del confort
ni en el flaco perdón de dios
a esta altura del partido
creo en los ojos y las manos del pueblo
en general
y en tus ojos y tus manos
en particular.

La gente que me gusta (Mario Benedetti)
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.
La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad.
Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite, huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de si, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme.
La gente que tiene tacto.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.
A éstos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica.
La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor.
La gente que nunca deja de ser aniñada.
Me gusta la gente que con su energía contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo.
La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
La gente que lucha contra adversidades.
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente.
La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni como lucen.
La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mi me doy por bien retribuido.

Que placer me da compartir estas palabras tan bellas y sentidas!!.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Capítulo XVI: Final del tratamiento

Una vez concluido el tratamiento de radioterapia, debí visitar a mi oncólogo titular, me refiero al Dr. Blajman, había sacado turno para el día 27 de julio, pero unos días antes me lo pasaron al día 26 debido a que el Dr. debía ausentarse de la ciudad, por una información publicada en la web sospeché que concurriría a la 4ta. Conferencia de Cáncer de Pulmón, siempre es alentador para los pacientes que los profesionales participen de jornadas de capacitación, vinculadas a enfermedades sobre las que la ciencia hace permanentes descubrimientos, sería lamentable que teniendo una especialidad tan delicada no se actualizara y por eso es, posiblemente, un profesional tan reconocido y valorado en el ambiente.
Lo cierto que el mismo día que mi hermano Cardo cumplía años, debí visitar a este Dr., si bien tenía turno a las 16 hs, debía sospechar que pasaría la tarde aguardándolo, con paciencia me armé de un libro para leer en la sala de espera, así fue que a eso de las 19 hs. me hizo pasar, pero como siempre estando dentro del consultorio, debí continuar aguardando por más de una hora para que me atienda, el celular del Dr. ardía de llamadas, pacientes que le hacían consultas, a todos le explicaba que viajaría esa noche, finalmente pudo atenderme, como siempre muy amable y gentil, se sorprendió de verme con mucho menos peso, tomó nota de mi peso, en rojo lo remarcó diciéndome que lo señalaba especialmente, me dijo que yo había realizado muy bien las cosas, felicitándome, en realidad creo que no tenía otra opción, luego de algunas bromas me hizo la revisión de rutina, palpando ganglios y mamas. Le solicité que responda algunas dudas que tenía, como siempre me señaló que lo haría con gusto, hace tiempo que me preocupa saber datos estadísticos de recidivas o metástasis para casos parecidos al mío en cuanto a edad, antecedentes, dimensión del tumor, axila negativa, etc. Lamentablemente su idea es que es mejor que no me preocupe por eso, no quiso darme las estadísticas que yo buscaba, me aconsejó que no busque en internet, que no me servían de nada, le manifesté que no me convencía, que yo creía que era necesario saber, me dijo que yo era muy “pensativa”, creo que quiso decir otra cosa, me indicó que él me haría los controles que son protocolares cada tres meses, que incluso no era necesario que viera al oncólogo radioterapeuta, que él seguiría mi caso, que está todo controlado. Si bien confío en él, de manera casi obsesiva, presumo que mi mente no quedará tan tranquila como quisiera, hay algo que escapa a mi racionalidad, deseo saber al menos cuales son las chances, según las probabilidades, de hacer recidivas. Intentaré en la consulta de setiembre reiterar mis inquietudes, estoy seguro que si hay alguien con capacidad para contestarme con cierta veracidad por conocimiento y experiencia, es él. Luego de hacerme la orden para análisis con fecha setiembre, se despidió como siempre con mucho afecto, le dije que antes de salir debía abrigarme y saqué de mi bolso un gorro de color rojo intenso con un borde negro, al verlo se sintió conmovido, graciosamente me dijo que esos colores lo motivaban, eran los colores del club del cual es fanático, lamenté no poder regalárselo porque era muy caro a mis sentimientos ya que lo había tejido mi hija Mar. Me sentí un poquito incómoda con esa situación finalmente me despedí con el compromiso de vernos en el control de setiembre.

viernes, 16 de julio de 2010

Capítulo XII: Cuestiones de peso

En todo este relato he omitido cualquier dato o información que tenga relación con un tema sumamente importante en mi vida, sin duda no es casual, el obviar el problema es producto de mi falta de aceptación, me refiero a que soy una mujer obesa, las consideraciones que hiciera la Dra. Dudero sobre que no podría hacerme rayos, no eran incorrectas, solo que por ser un tema sensible me dolió más la manera en que me o dijo. Así es que además de superar la QT debí luchar todo este tiempo para bajar de peso aceleradamente. Primero intenté por mi cuenta, suspendiendo las comidas que me gustan, dulces, etc. Pero cero actividad física, luego fui de Cristian Meier, un médico que es especialista en nutrición, me atendió muy amablemente, yo lo conocía de un tratamiento que había iniciado unos dos años antes, realmente lo aprecio, no sé si por lo gentil o por lo que dice Grace, Es un bomboncito!, que frivolidad no?. Lo cierto es que bajo su supervisión bajé kilos pero muy lentamente, hasta quedar en una meseta. Cristian además de su clínica privada es médico de Promoción de la Salud, organismo encargado de controlar las licencias médicas del personal de la Provincia, justamente cuando fui a justificar mis inasistencias lo encontré y tuvo la gentileza de hacerme pasar primera y atenderme personalmente, de esa forma se enteró de mi enfermedad, me dijo palabras de aliento y nos despedimos. Al salir me pareció ver las caras de las veintipico personas que estando antes que yo, no eran llamadas aún, me dio mucha vergüenza, pero si bien lo lamenté fue un caso claro de “tráfico de influencias”, caramba, ya que caí en eso podría usarlo para obtener ventajas de mayor relevancia no?
Sabiendo mi problema, a todas luces evidente por otra parte, Kiki, mi amiga, me comenta que me había inscripto en una charla del Dr. Lavenna, especialista de Bs. As., de una corriente opuesta con la que comulga Cristian, este Señor plantea solamente 4 comidas, eliminación total de harina, azúcares y alcohol, tratando a los obesos como adictos, de allí que plantea que no se le puede dar una líneas de coca a un cocainómano como premio. Es mucho más rígido en sus conceptos y cae bastante mal su elocuencia, pero creo que los gordos necesitamos ese rigor. Hace muchos años había presenciado una charla del Dr. Cormillon que me resultó un tanto mediático pero muy simpático. Ambos coincidían en que los hábitos de la sociedad moderna genera gordos, de todas las edades, lo más grave es que hay muchos niños obesitos. Mucha culpa tienen los avances tecnológicos, desde el lavarropas automático, la PC, las costumbres de Chatear, jugar, en la PC, en fin infinidad de tareas que invitan a estar horas sentados en lugar de caminar, pasear, jugar, quemando calorías.
Lo cierto es que Kiki me averiguo todo respecto del tratamiento de lnstituto Lavenna, incluso para que no le pusiera como excusa el costo se ofreció a prestarme el dinero para pagarlo, que es una cifra interesante por mes, casi 1000 pesos.
No sé si por necesidad o por ceder a la presión, concurrí para iniciarme en esta nueva experiencia, asistí religiosamente a las consultas con médica, nutricionista, Psicóloga, grupos terapéuticos, 3 veces por semana y gimnasia 2 veces por semana. En fin, es necesario estar convencida interiormente para tomar esta responsabilidad con la seriedad que se merece y en mi caso dejar de lado todas las obligaciones que puedan evitar que continúe con el tratamiento. Digamos que decidí pensar en mí primero y segundo y tercero, los demás …a embromarse…
En los grupos terapéuticos escuchamos testimonios (me hace recordar los devotos religiosos) de personas que tienen que perder 50, 40 o 5 kg. para llegar a un estado saludable, pareciera que es eficaz en el 100 por ciento de los casos, todos adelgazan rápidamente muchos kg. por mes, en promedio de 5 a 10 kg.. mensualmente, por supuesto que se debe cambiar la modalidad y cantidad de alimentos, sumado a realizar actividad física, no hay secretos en esto, es una ecuación matemática, para adelgazar debe ingresar al organismo menos combustible que la energía que se quema en el proceso de vivir. No hay milagros, aún cuando los gordos quisiéramos dormir y despertar delgados no existe esa opción, solo se logran los resultados en base a sacrificio, voluntad y perseverancia y para no recuperar lo perdido hay que mantener la conducta en el tiempo.
Desde el primer día de mayo puse todo mi empeño en este nuevo tratamiento, respeté las 4 comidas diarias, desayuno y merienda: café cortado con 4 fetas de queso de máquina, almuerzo: un caldo de verduras más verduras crudas o hervidas (una porción medida) más un filet de pollo grille o carne magra o pescado, más una fruta de postre, eliminé de mi vida las harinas y dulces, dado que soy adicta a ellos ha sido todo una revolución, además salgo a caminar diariamente a las costanera 40 minutos. Aún no veo gran descenso de peso, en 18 días solamente descendí 2,500 kg., de cualquier forma debo seguir en este camino, para favorecer mi estado físico desde todo punto de vista.
En una sesión de terapia de obesitos me encontré con una persona que aprecio mucho, quien fuera vicerectora del Verna en mis épocas de estudiante, me alegró que se acordara de mí, es muy agradable y tranquila. Al menos con ella puedo conversar de otros temas, no solamente sobre la obesidad y su tratamiento.
Las terapias de grupo se hacen muy interesantes, la Psicóloga que lleva adelante el grupo, Mariana, es muy competente y sabe conducir, el médico, Rubén, hace los aportes científicos desde lo fisiológico, el tema es dar pautas claras para que las personas no abandonen el tratamiento, la experiencia de cada uno sirve como estímulo, todos bajan de peso, hay quienes deben bajar 7 y otros 60 kg., si bien a todos nos cuesta, al parecer es aún más difícil el mantenerse una vez alcanzado el objetivo, para eso el Instituto propone sesiones especiales de mantenimiento dónde orientan y dan consejos para sostenerse, recién pasada esa etapa dan el alta, pero todos sabemos que se debe luchar toda la vida para mantener la conducta y no aumentar de peso.
Me impactó el caso de un señor de unos 65 años que debe bajar 70 kg. y lleva bajados 21, es insulino dependiente pero redujo la cantidad de insulina notablemente, al parecer se irá normalizando con el descenso. Es un muy buen ejemplo, es un hombre simple y sabio en sus apreciaciones.
Hay algunos casos cómicos, como una mujer que contó que para que su hijo de 5 años deje el chupete le propuso dejar ella también el cigarrillo, ambos pusieron sus objetos de adicción en una caja y en una oportunidad le propuso a su hijo tomar el chupete para poder satisfacer sus deseos de fumar. Increíble!. A partir de allí comentaba lo difícil que era para ella dejar de comer, al segundo día del tratamiento se comió 4 empanadas más un sándwich más la comida de la dieta. Yo pensaba que antes de pagar lo que sale el tratamiento debió pensar un poquito en que era lo que quería realmente, tan solo desde el punto de vista económico a mi me parece que debo poner un poco de entusiasmo en cumplir y no dejarse ganar por una porción de torta. Es una lucha pero como dicen … la única lucha que se pierde es la que se abandona.

viernes, 9 de julio de 2010

Capítulo V: Colocación de un puerto de titanio o catéter.

El Dr. Blajman me recomendó colocar bajo la piel un catéter, sugiriéndome un cirujano, Dr. Minisuti me dio el celular para contactarlo, pero antes él haría la derivación, pedí turno con ese Dr. y lo visite a la semana en una clínica del Sanatorio Santa Fe.
Justamente en el tiempo de esta consulta la clínica estaba siendo remodelada y pintada, en la sala de espera había una pila de inodoros, los pintores y albañiles tenían al parecer prohibido limpiar, el polvillo reinante no nos dejaba ni respirar. Los baños estaban clausurados, en fin, no quedaba más que soportar. Al hablar con la secretaría me informa que tengo 3 pacientes antes que yo, para lo que estaba acostumbrada eso no es nada, pasaron 3, 4, 5 pacientes y no me llamaban, me acerco a la secretaria y le pregunto si paso mi ficha, como siempre me contesta con cara de ofendida: Por supuesto!, también yo, como le voy a preguntar eso, si ella es muy competente!.
Pasaron 9 personas, quedamos solas en la sala Mar y yo, eran más de las 9 de la noche y sale el Dr. y llama fuertemente a un tal Etcheverría, por supuesto no había nadie y a mí ni siquiera me nombraba, me acerco y le digo si no tiene mi apellido porque soy la última paciente, me hace pasar, pero nunca le había dado mi ficha la imberbe ofendida.
EL Dr. Minisutti me receta el nombre del puerto que debo gestionar en Iapos y me aconseja que cuando tenga el aparatito le avise a su secretaria para programar la fecha de cirugía.
Debo reconocer que el procedimiento de Iapos esta vez fue realmente eficiente, a los tres días me hablo un proveedor muy amable para avisarme que él se encargaría de llevarle el elemento al Dr. Minisuti y que yo no tenía que preocuparme.
Acordada la fecha fui al sanatorio para pedir la habitación, si bien estaría un solo día prefiero pagar la diferencia para tener una habitación privada, de esa forma quien me acompaña puede descansar un poco.
Partimos hacia el sanatorio Santa Fe a la hora programada pero sorpresivamente me dicen que no hay habitaciones, compartidas o privadas, que la cirugía no puede llevarse a cabo. La sala de espera estaba congestionada con gente a la que le hacían retornar a sus casas, pero yo no estaba dispuesta a irme, lo ubico al cirujano y le planteo mi problema, ya llevaba demasiados días de demora, preocupado me dice que podemos hacer la cirugía en forma ambulatoria, sin internación que vuelva a las 15 hs. y él me opera.
Decidida a todo, regresé a la hora señalada, de la calle al quirófano directo, sin escalas, me acuestan y una anestesista me aplica la inyección que me semi duerme, pero escucho los chistes del médico, tengo la sensación que me operó a los tirones haciendo mucha fuerza. Al terminar me sienta y me dice que me voy a sentir un poco mareada, me sacan afuera del quirófano y me dejan en una sala un tiempo imposible de determinar, creo que por primera vez en mi vida siento lo que es estar drogada, en esas condiciones debí caminar hasta el auto y llegar a casa. Por supuesto que manejaba Mar, creo, porque mi inconsciencia era absoluta, a mi alrededor todo giraba sin parar. Por la noche me di cuenta que había sido un tanto bestial pedir que me operaran en cualquier condición, no se lo aconsejo a nadie.
La incisión para poner el puerto (es un reservorio de titanio con un catéter de silicona) es de unos 7 cms. debajo del hombro, demoró unos 8 días en cicatrizar, finalmente me saqué el hilo yo sola porque era como un hilo de pescar muy duro que tenía un lazo en cada extremo para de allí cortar y tirar. Según el cirujano puedo tenerlo 5 años y luego hay que quitarlo, cosa que no me agrada en absoluto, además requiere un service cada 30 días, para que no se tape hay que inyectarle heparina, un anticoagulante, si bien quisiera olvidarme que tengo este botón debajo de la piel debo recordar por 1800 días hacerle el service y luego pasar por la operación para extraerlo, no quiero pensar que se trata algo que está metido en una vena importante y tampoco imaginarme riesgos de hemorragias, por ejemplo. Me pasa que prefiero desconocer este tema para no generar respuestas hipocondríacas.
Como era de esperar, ya estaba lista para iniciar la quimioterapia, había quedado con el Dr. Blajman que debía avisarle ni bien estuviera colocado el catéter, intenté comunicarme con él, pero las secretarias me informaron que estaba en Alemania, casi me da un infarto, no podía creerlo. Cuando me parecía llegar a la meta esta se alejaba.

jueves, 8 de julio de 2010

Capítulo IV: Coincidencias, casualidades o causalidades.

Trataré de ser lo más objetiva posible para describir lo que me pasó.
En mi hogar, mi problema de salud y más aún los innumerables trámites que debía realizar era tema obligado lamentablemente, debíamos con mi hijos referirnos a veces con un lenguaje cifrado evitando que mi madre de 92 años entendiera, dado que a ella nunca le comenté mi situación para evitarle angustias.
Lo cierto es que Chantina fue nombrado en reiteradas ocasiones nunca con calificativos favorables, en varias oportunidades debí aplacar los ánimos de Mau que como joven vehemente quería tatuarle sus puños en la cara.
Mi esposo le comenta a un amigo sobre mis oscuras intenciones de crucificar a Chantina, éste le pregunta si se trataba de Raúl, amigo en común, luego de cruzar varias ideas, deducen sagazmente que se trata de la persona que ambos conocen uno de los pocos anatomopatólogos que existe en nuestra aldea.
Me habla a mi trabajo, poniéndome al tanto de tamaño descubrimiento, se trataba del esposo de Raquel, persona esta que yo conocía por teléfono ya que la atendí en numerosas ocasiones que deseaba ubicar a Guillermo, en todo tipo de horarios, 12 de la noche, 4 de la tarde…
El matrimonio Chantina había sido responsable del proyecto cultural del actual gobernador socialista, para ello convocaban a los artistas e intelectuales de la ciudad para crear las propuestas de cultura que llevarían a cabo si ganaba las elecciones, con ese fin organizaron reuniones semanales de trabajo para consensuar ideas y programas.
Guillermo tiene por costumbre no hacer preguntas que en general son de cortesía, como ser ¿Cómo te llamas? A que te dedicas, tu familia bien? Así es que jamás sabe apellidos, nombres, ocupación de las personas aún conviviendo regularmente muchas horas con ellas.
Esa forma de ser ha recibido mi molesta crítica en muchas oportunidades, mi idea es que viviendo en una comunidad es inevitable interrelacionar con las personas y una actitud amigable nunca está de más. No hablo de una actitud chismosa de preguntar por curiosidad inoportuna, solo demostrar al otro, con quien compartimos a veces más horas que con nuestra propia familia, que estamos a su lado, que puede contar con nosotros, una actitud de cordialidad ayuda a enfrentar los sinsabores cotidianos que el trabajo o cualquier actividad social no deparan. Por supuesto que no podemos tener afinidad con todas las personas, pero si bien hacemos realmente amistad con unos pocos, con el resto podemos ser cordiales.
Antes de concluir el día el Dr. Chantina nos aguardaba en su casa, ya no me recibiría como una ignota paciente sino como la esposa de un artista plástico de renombre. Es oportuno aclarar que detesto utilizar las relaciones de amistad para sacar ventajas, nunca hago eso porque me parece que es estafar el concepto de amistad pero además soy defensora de tratar de igual manera a toda persona, con respeto y dedicación que merecen tan solo por ser humano, dejando de lado título, parentesco o relación, tiendo a tratar mejor a un humilde cuidacoches que a un ministro, pero lo cierto es que sentía la necesidad de enfrentar a este profesional para que me aclarase las discrepancias de los estudios que influirían en mi futuro tratamiento.
Luego de las presentaciones le hice ver los dos estudios el suyo y el de Rosario, y le pregunté en cual debía confiar. Con absoluta frialdad me dijo que en el realizado en Rosario. Seguidamente le dije como confiar en los dos estudios que no pude hacer en Rosario, me aseguró que en el informe del tumor y el ganglio sí podía confiar. Me pidió disculpas, manifestando que los resultados problemáticos fueron realizados en Esperanza por personas que él subcontrata. Las dudas me acompañarán por siempre, la firma es suya y me fastidia muchísimo que un profesional arriesgue su buen nombre tan torpe y bastardamente, a menos que ya no tenga ningún buen nombre que proteger. Imaginaba cuantos pobres pacientes habrán recibido una quimio equivocada por culpa de este personaje, seguramente en tantos años de carrera ha colaborado mucho para aumentar las estadísticas del cementerio.
Con esa charla traté de cerrar ese capítulo, sin duda me haría más daño obsesionarme con lo sucedido. Cerré los ojos y pensé que debía seguir adelante, por suerte Blajman desconfió de los resultados, le estoy sinceramente agradecida, con su apoyo profesional podré superar esta desagradable situación.